Capitulo 3
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FAMILIA QUE NACE, BROTA, VIVE DENTRO DEL CORAZÓN DE JESÚS
Esta familia Religiosa nació en Enero de 1903 con el Carisma de AMOR Y REPARACION, al Sagrado Corazón de Jesús, por tanto como se le ofende en el mundo entero. Esto es: hacerlo todo con amor y en reparacion de los pecados que cometemos todos los hombres a causa del desamor, la indifenrencia, la ingratitud, etc.
| “TEORIAS DE LA PERSONALIDAD UN RECURSO TEÓRICO PARA LA EDUCACIÓN DEL ADOLESCENTE” Cada hombre es Único. Distinto a los de más.Y entre todos formamos un solo HOMBRE. INTRODUCCIÓN: La personalidad es la expresión misma de nuestro ser, y cada ser es único e irrepetible por lo que no se puede encuadrar en un esquema inflexible.El ser del hombre se desarrolla en una realidad concreta por la cual y para la cual ha de desarrollarse y ser consciente por medio de la interacción.El interés de este documento es brindarle un recurso práctico y sencillo sobre las teorías de la personalidad en la educación del adolescente en secundaria. Esperando que logre cumplir su objetivo en cada lector, les damos una cordial bienvenida. ¡Qué lo disfruten! Lic: María Guadalupe Galicia Briones Licenciado en Educación Media en el Área de Psicología Educativa. |
Capitulo 3
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FAMILIA QUE NACE, BROTA, VIVE DENTRO DEL CORAZÓN DE JESÚS
3.1 Jan Komensky |
3.2 Sigmund Freud |
3.1 Carl Gustav Jung
El suizo Carl Gustav Jung, discípulo de Freud; pensó que éste, había sobre valorado las pulsiones sexuales como origen del comportamiento. Opinaba que “el potencial de un individuo, de naturaleza no sexual, debía ser reconocido o desembocaría en una neurosis. La libido sería una energía vital, de carácter biológico general, y no necesariamente sexual”[1].
Jung, emplea los sueños y las creaciones artísticas para obtener asociaciones del paciente con los arquetipos, éstos son imágenes innatas que él creía compartidas por todos y transmitidas a través de generaciones: descubrió que “entre las culturas y el arte hay ciertos símbolos comunes (el nacimiento, la muerte, el héroe... Dios...)
Dentro de la Psicología cuatro arquetipos han alcanzado un desarrollo superior al de cualquier otro: la persona, el anima, el animus, la sombra y él sí mismo”[2]. Jung, descubrió que el quinto arquetipo estaba desarrollado en diversas culturas y que representa los esfuerzos del hombre por alcanzar la unidad, la totalidad, la integración de la personalidad.
Para Jung, este es un sistema separado que equivalía a la psique total. El sí mismo mantiene juntos a los otros sistemas. Lucha por la unidad del individuo con el mundo a través de las experiencias religiosas así como también por la unidad de los sistemas psíquicos en el individuo, el sí mismo solo puede aparecer si los otros sistemas psíquicos se separan lo suficiente como para una integración, cosa que no sucede hasta la edad mediana.
Cada uno de estos arquetipos ha llegado a ser sistemas de personalidad por separado. De acuerdo con Jung, es a través de la integridad personal y grupal donde el individuo llega a su propia identidad y este proceso ocurre durante su adolescencia. Desarrollo una tipología de la personalidad en base a dos actitudes hacia el mundo:
La extroversión, la mayor parte de la atención del individuo se dirige al mundo exterior; la introversión es el caso opuesto. Aún cuando seamos introvertidos o extrovertidos, está claro que necesitamos lidiar con el mundo, tanto interno como externo, y cada uno de nosotros posee su propia manera de hacerlo, de manera más o menos cómoda y útil. Jung sugiere que existen cuatro maneras o funciones de hacerlo.
Cuadro 1: funciones de la personalidad de Jung.
Sensaciones
Pensamiento
Intuición
Sentimiento
Sensible es aquella que dirige su atención a observar y escuchar, y por tanto, a conocer el mundo. Irracional.
Pensar supone evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica. La toma de decisiones en base a juicios.
Es irracional o perceptiva, surge de una bastante compleja integración de grandes cantidades de información.
Es el acto de sentir Es una cuestión de evaluación de la información. Está dirigida a la consideración de la respuesta emocional.
En nuestras vivencias crecemos dentro de una sociedad la cual nos va marcando con distintas figuras que nos van relacionando con las generaciones anteriores y posteriores. A estos Jung les llamó arquetipos. En la educación escolar muchas veces se generalizan estos iconos que en realidad, en el alumno pueda ser diferente o al menos tienen otra jerarquía. Es preciso percatarse de ello y de su uso entre los adolescentes, quienes se llegan a herir profundamente con la utilización de apodos.
Por otro lado, el profesor no se ha dado cuenta del “potencial”, como le llama Jung, que cada alumno posee. Y llega a exponer sus clases de manera tradicional, tratando al alumno como máquinas o robots que van grabando lo que escuchan, leen o escriben, al pie de la letra y hasta con punto y coma; y dejan de lado la forma de atención que cada alumno tiene, ya sea extrovertido o introvertido, y la función que en su personalidad mas desarrolla.
Desperdicia las formas de creatividad y autoformación que cada alumno posee, cansándose en balde y sin motivo alguno. No se da cuente que cada alumno podría poner su granito de arena para el aprendizaje, la autoformación y la formación de los demás. Recurre de manera indiscriminada a los arquetipos que cada alumno va manifestando, por lo que no desarrolla en él los valores que va requiriendo para la evolución de su personalidad.
[1] Jung, Carl Gustav. “Símbolos de transformación”.
[2] Burk, Ignacio, “Psicología”.
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3.7 Erick Erickson
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3.8 Carl Rogers
El psicólogo estadounidense Carl Rogers sostenía que los individuos, así como todos los seres vivos, están dirigidos por una tendencia innata a sobrevivir y reafirmarse, que les lleva al desarrollo personal, a la madurez y al enriquecimiento vital. Cada persona tiene capacidad para el autoconocimiento y el cambio constructivo.
“La persona en funcionamiento total es sinónimo de un ajuste psicológico óptimo, de una madurez psicológica óptima, de una congruencia completa, de una completa disposición para la experiencia…en virtud de que algunos de estos términos suenen estáticos…la persona en funcionamiento total sería una persona-en proceso, una persona en constante cambio” [1]
Cada persona tiende a la lucha por la sobre vivencia y a reafirmarse. Sin embargo al igual que Erickson, Rogers enuncia que a veces lo hacemos de manera inadecuada. Un ejemplo son las huelgas que los profesores realizan, sin buscar formas constructivas de cambio, donde en los alumnos manifiesten y expresen su creatividad y así se produzca enriquecimiento vital.
El alumno es una persona capaz de alcanzar la madurez psicológica, de una completa disposición… en constante cambio. Y lo sabemos. Estamos consientes de ello. No obstante tiene sus obstáculos, ya que profesores, directivos, padres de familia y demás personal educativo, no motivamos y en ocasiones vejamos esas capacidades innatas del alumno desviando las motivaciones positivas y predisponiéndolos al estudio, autoconocimiento y realización.
[1] Rogers, Carl. “Una teoría de la terapia, la personalidad y las relaciones interpersonales”
Frederick (Fritz) S. Perls |
3.10 Formación de la Personalidad.
La personalidad constituye la integración de todos los elementos humanos en una síntesis individual, de ello se comprende la importancia que tiene el proceso formativo, para la psicología; puesto que de él depende, en gran parte, el resultado sintético individual.
Como hemos visto, en la formación de la personalidad concurren aspectos fundamentales, como son:
a) La estructura orgánica heredada y sus consecuentes posibilidades de actividad mental.
b) El desarrollo; la progresiva maduración de potencialidades.
c) La acción de las experiencias que en incalculable número y de continuo acumula el sujeto, que le afecta directamente, transformando su constitución personal.
Teniendo en cuenta que la personalidad supone una cierta madurez y estabilidad estructural de la que el niño carece, debemos remontarnos hasta la primera infancia con objeto de encontrar los antecedentes evolutivos y las bases de lo que más tarde, a fuerza de sucesivas transformaciones y adquisiciones, habrá de revelarse como personalidad. Desde que la madre concibe se inicia la separación física la que culmina con el parto, ya que es a partir de la fecundación cuando empieza a formarse una entidad biológica distinta de la madre.
Pese a la separación física de la madre el niño, permanece unido a ella por la incapacidad para procurarse por sí mismo los medios de subsistencia, creándose un vínculo que, desbordando el plano de la estricta necesidad física, se amplifica hasta el terreno afectivo, para el cual la figura materna es captada como principal fuente de satisfacción.
Desde la primera fase, y como consecuencia del paulatino perfeccionamiento del sistema nervioso y la dotación muscular del niño, los intereses infantiles se van dirigiendo hacia la actividad perceptiva y motriz, obteniendo las satisfacciones más diversas al ejecutar todo tipo de movimientos y aprendizajes de sensaciones nuevas del ambiente; en el aspecto afectivo, esta nueva fase trae consigo una mayor pluralidad de experiencias, pues, al propio agrado o desagrado que cada acción motriz o perceptiva traiga consigo, se liga la actitud materna ante el comportamiento infantil.
Posteriormente, el desarrollo permite al niño aumentar su radio de acción gateando y caminando, al mismo tiempo que, con la adquisición del lenguaje aumenta su capacidad para influir sobre los que le rodean y para expresar sus estados de ánimo.
Alrededor de los tres años, el desarrollo del sistema nervioso y la concomitante evolución de la actividad mental, así como las experiencias perceptivas y emocionales acumuladas, dan lugar a la formación del yo; al concepto de la propia individualidad, con lo que la relación con el ambiente se modifica, apareciendo nuevos motivos de conflicto y problemas que requieren soluciones distintas, destacando la posesión material y afectiva como factor conflictivo.
Más tarde el juego con otros niños y, sobre todo el ingreso a la escuela, ya que con ello se estimula la socialización del niño y ponen a prueba la integridad y eficacia de las formas de conducta adoptadas. La participación familiar, la actuación de los demás niños y las formas de conducta alcanzadas, son ahora coadyuvantes primordiales en el proceso formativo de la personalidad.
Ya en la adolescencia, el impulso sexual desencadena sistemas de comportamiento específicos frente al sexo opuesto, y marca transformaciones en la personalidad que, aunadas a la incorporación de valores éticos, culturales y religiosos originan otros cambios en la constitución personal, ajustados a las experiencias sociales. De este modo se advierte la imposibilidad de predecir con exactitud el grado de intervención de cada uno de los aspectos que influyen sobre la personalidad, todo lo cual arroja un ser único y exclusivo en el que no cabe la separación de ningún elemento aislado.